Quizá porque estemos acostumbrados, quizá porque los medios consideren que es lo mejor o simplemente porque crean que es lo que el público demanda, sea como fuere la tendencia a meter todo en el mismo saco se ha trasladado a la comunicación.
Se trate del medio que se trate (siempre que se trate de uno de masas) parece que el interés por la noticia se ha perdido totalmente. En cuanto uno se dispone a enterarse de lo que ocurre en el mundo como mero espectador lo bombardean con mensajes de todo tipo.
Pero cuando se trata de un telediario la cosa se pone peor; Matías Prats nos comunica del accidente de aviación con un rictus temeroso, que cambia ipso facto por una sonrisa socarrona al anunciar el nuevo compromiso de una descendiente de un nieto de un ex-rey de un país que ya no existe. Cortinilla animada con pelotas. Robinho ya no es del Madrid. Un oso Panda da a luz a su primer hijo en China. El crudo se pone por las nubes (aunque los aviones comerciales no se aprovechan de la altura del combustible y suben precios), los vuelos low-cost pasan a ser middle-cost & low-consum.Para evitar todo ello siempre podemos acudir a los medios temáticos para que nos filtren la información, pero claro, dado su baja audiencia sobreviven pocos, y esos pocos se convierten en breve en medios generalistas donde todo se mezcla de nuevo.
PD:—Y, todo eso, ¿a qué venía?—
1 comentario:
No estoy de acuerdo. El periodismo parte de una premisa básica y tácitamente reconocida: propone a espectadores/lectores una visión global del mundo, obviamente subjetiva. Esto significa que los contenidos se mezclan y, a veces, dan lugar a un 'collage' criticable en términos morales... pero que en ningún caso responde a un discurso único, sino al vínculo estricto de la casualidad.
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